“MARCHITAS”. Es el título de mi obra, dedicada íntegramente a todas aquellas mujeres que tras casarse o unirse sentimentalmente a su pareja descubren la verdadera identidad de sus maltratadores, la cara del horror. Mujeres que pasan de ser flores cuidadas y mimadas -premeditadamente por sus futuros verdugos- a flores marchitas en un calvario llevando su propia cruz y sin esperanza cuando las hacen “suyas” y las invisibilizan.

En esta sociedad machista, la democracia, los derechos humanos, la paridad, son estructuras fundamentales para la formación de la igualdad entre las personas, la desaparición del dominio y la sumisión de unos sobre otros.

Tenemos que seguir denunciando estos hechos con los medios a nuestro alcance, con manifestaciones sociales, culturales y apelando a la justicia para que se cambien las leyes.

Mis fotografías formaron parte de una Instalación artística, nos juntamos cinco mujeres artistas, Lola Navarro, María Dolores López, Sonia Teruel, María José García, y yo María José Cárceles “Celes”, cada una aporto su parte creativa.

Mi obra, tras esta instalación recuperó su entidad propia y en singular, pasando a ser “MARCHITAS”, en honor a las mujeres que engañadas por sus parejas van a su encierro sin libertad, donde son maltratadas, acosadas e incluso por desgracia en muchas ocasiones asesinadas con una muerte horrible y cruel.

Es fundamental la prevención de la violencia de género a través de la educación desde la infancia tanto en familia como en los colegios. Desde la igualdad, la visibilidad, y el respeto.

Han pasado muchos años desde la génesis del sufragio femenino, y el avance en derechos de la mujer no ha sido proporcionado al tiempo y el esfuerzo empleados, siempre hay barreras políticas, jurídicas y sociales que nos impiden avanzar.

«No hay barrera, cerradura ni cerrojo que puedas imponer a la libertad de mi mente.»

                                                                                                      (Virginia Woolf)

Las fotos están hechas en los invernaderos de tomateras abandonados, campos llenos de hierbas silvestres y malas hierbas, de plásticos raídos y sucios, repletos de cruces y desolación, un auténtico escenario de  vía crucis, el lugar ideal donde expresar la metáfora del sufrimiento de las mujeres maltratadas. En este espacio tan lúgubre plasmé el ambiente idóneo para poner a mis mujeres lastimadas y desengañadas tras casarse (aparecen vestidas de novias con trajes de plástico de los invernaderos), después les llega su crucifixión y en algunas ocasiones también su sepultura.